5 pensamientos en “The Whites of Their Eyes

  1. Ale

    Interesante, con las personas en situación de exclusión o pobreza pasa lo mismo. Es más fácil continuar formando y conformando grupos sociales que discriminan e influyen negativamente en la calidad de vida de estas personas cuando no somos capaces de mirarlas a los ojos con honestidad.
    La verdad, por mi experiencia aquí en Samborondom, puedo decir que la posibilidad de mirar al otro que está en situación de exclusión es casi nula, aunque muy probablemente tengamos trabajando en nuestros hogares a más de una persona que vive esta realidad…
    Mirar al otro que sufre es realmente un golpe al alma, es sentir (muchas veces) que uno es responsable en parte por ese sufrimiento… Es realmente dejarse interpelar, por los ojos de Dios.
    Me pregunto como poder generar estas instancias en personas que realmente no saben que existe o que, peor aún, tienen una aversión hacia estas realidades… si al final esta solo es un invitación…

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    1. Fernando Insua E.

      Sabes, tengo una reflexión y movimiento existencial en torno a este tema. Alguna vez que los visite creo que será más fácil conversarlo. Si tuviera que decirlo en pocas imágenes pondría dos: nos comprendo como un gran organismo vivo y creo que toda exclusión, a la larga, estalla en algún tipo de manifestación o violencia social. Dado que el estallido no es directo, no a todo el mundo le pega con hondura pensar o moverse respecto a estas cosas. Sin embargo, algunos reaccionamos y lo fructífero está en construir esta reacción saliendo del atolladero de la culpa moral o los desiderata o el deseo de llevar a los demás porque “todos deberíamos hacer algo” antes de ir primero nosotros mismos.

      El segundo punto es más concreto. Trabajando en voluntariados (y en mi propia experiencia de vida) veo que hay cosas que nos motivan y nos marcan a dar respuestas más contundentes pero que también, con el tiempo, tendemos a olvidarlas o dejarlas diluir en el mar de todas las otras cosas que ocurren en la vida. Eso no me parece terrible, me parece un hecho y considero que alguna sabiduría habrá en la naturaleza para que esto ocurra. Sin embargo, algo que noté de estas experiencias es que estos sentidos de respuesta sí pueden volverse más constructivos y dinámicos cuando no queremos salvar al mundo en “el otro lado” sino en lugares o situaciones complejas que no están tan lejos del estilo de vida que YA llevamos (hice un piloto de esto en una cárcel y otro en la respuesta cotidiana en un barrio en el que viví como constraposición a deseos de querer seguir salvando al mundo en lugares a los que no iba a poder llegar con frecuencia ni constancia).

      La segunda es que el voluntarismo se gasta cuando es sólo voluntarismo y no Relación y tampoco una actividad en la que vemos réditos de nuestro esfuerzo. Este segundo punto no es tan abstracto como a veces creo que nos gusta creer (haciendo el plan, del plan, del plan “para”) sino que guarda relación con buscar compromisos concretos dentro de las realidades que más nos llaman “desde ya” (y nos desafían, o interesan, o nos estallan) y que, al mismo tiempo, tenemos más a la mano. De nuevo, he tenido algunas experiencias satisfactorias al respecto y sería chévere poder compartirlas. No son una solución, son apuestas de vida a la reflexión que compartes y en la cual siento que aun me encuentro embarcado. En mi historia personal se llama querer alcanzar a una persona que conocí no desde salvarla sólo a ella sino desde evitar que se repitan las condiciones que generaron su situación.

      Ciertamente me preocupa cuando veo que los lugares y personas en situación de vulnerabilidad son situados cada vez más lejos, pues eso parecería dificultar la propia respuesta. A veces me pregunto si esas respuestas más completas y locas no serían llamadas santidad o Espíritu Santo en acción.

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  2. Rodrigo Reyes

    Ale: “…la posibilidad de mirar al otro que está en situación de exclusión es casi nula… Mirar al otro que sufre es realmente un golpe al alma…”

    Creo que hemos bloqueado dichas realidades porque causan dolor, creemos que hacer una diferencia requeriría un esfuerzo más allá del que estoy dispuesto a realizar y por tanto, prefiero enforcarme en problemas en los que sí puedo hacer una diferencia (Ej. Trabajo, familia, etc). Sin contar con los bloqueos “ideológicos” (Ej. Son pobres porque no se esfuerzan). El otro se convierte es un “rollo” del que no me siento responsable. Creo que aquello evita que veamos que es en ese “otro” donde podemos “salvarnos de nosotros mismos”, desde donde nace la fuerza que nos ayuda a no “implosionar”.

    Fer: “…saliendo del atolladero de la culpa moral o los desiderata”

    “And now that you don’t have to be perfect, you can be good” – John Steinbeck

    Fer: “…veo que hay cosas que nos motivan y nos marcan a dar respuestas más contundentes pero que también, con el tiempo, tendemos a olvidarlas o dejarlas diluir en el mar de todas las otras cosas que ocurren en la vida”

    Un tiempo atrás, cuando salía del Hogar, me planteaba esa pregunta: aquella etapa que se cerraba había estado marcada por respuestas “contundentes”. ¿Cómo evitar que se convierta en “anécdotas de juventud”? Creo que la pregunta era válida (aunque incomodó a varios adultos a pesar de que hice incapié de que era una pregunta personal sin ánimo de ofender o cuestionar a nadie que no fuera yo mismo. Hoy, como adulto, creo que mi respuesta es: hay que confiar en el camino y en cada tiempo. Hay tiempos para salir y tiempos para guardarse, para entregarse y para recogerse o includo, la entrega no siempre es tan “evidente” como la del trabajo social “público”. ¿Significa acaso aquello que puedo simplemente “restarme”? Cada quien tiene su camino pero sí puedo hablar por mi: yo no podría morir pleno si mi compromiso hubiera llegado a su plenitud en mi juventud. Creo que esa era la definición de vocación de Martín Descalzo: “Aquello que no sería capaz de vivir sin realizar.”

    Fer: “…sí pueden volverse más constructivos y dinámicos cuando no queremos salvar al mundo en “el otro lado” sino en lugares o situaciones complejas que no están tan lejos del estilo de vida que YA llevamos”

    Yo no diría que es la “cercanía” lo que marca el éxito o fracaso de los proyectos de voluntariado, sino la “plenitud” que genera dicha labor. El que no puede ser feliz realizando una labor, no podrá ser constante en ella. Y el que es feliz haciendo algo, encontrará la forma de “hacerlo parte de su vida” por difícil que resulte.

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  3. Fernando Insua E.

    Qué dice socio y Ale,

    Sobre la temporalidad de las respuestas. Sabes, sí me identifico mucho con lo que dices aunque pueda parecer raro. Como religioso experimento una cierta despesperación constructiva y positva, creo que algo así como un enamoramiento. Pero a veces estoy consciente de que ese sentido de respuesta deja trantas otras cosas afuera que también deseo auqnue veo pasar casi que como una luz tenue en medio de un tren.

    Sobre la felicidad del responder. Totalmente de acuerdo, creo que es más un modo de vida y no un deber, por decirlo de alguna manera. Si discrepo con la mera felicidad. Yo quiero mucho al grupo apostólico y eso nos hizo a muchos muy felices pero sí me cuestiona lo poco relevante que ha sido nuestra respuesta. Creo que se puede pensar en caminos más eficaces y plenos de ese propio gusto.

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  4. Fernando Insua E.

    O sea, creo que se puede pensar en caminos más eficaces y plenos de ese propio gusto cuando miro para atrás. He perseguido algunas medio respuestas mías en esos “hasta aquí” que el buen sentido nos da y a veces he encontrado caminos aun más grandes de plenitud y sentidos más dinámicos, desafiantes y comunitarios de la respuesta (lo que doy y lo que me dan se comienza a volver una amistad de parte y parte más que un mero pasar admirable para ambos).

    A veces me pregunto si, por la misma razón, “salvar al mundo” no es un asunto de muchas más personas concretándose en unos “pocos” lugares. Y que esa es una de las peleas que tenemos que dar.

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